jueves, 8 de octubre de 2009
Hermenéutico.
Publicado por
GonzalitoVilachan
en
12:56
0
comentarios
Etiquetas: biográfico, ensayo, filosofía, historia
miércoles, 11 de febrero de 2009
Sobre la impertinencia del devenir histórico (una brevísima introducción al pensamiento de retaguardia).
Sucede que casi todo hombre que piensa -según le han enseñado otros hombres- se sitúa mentalmente a sí mismo y a su entorno inmediato en oposición al tiempo y al espacio (en una operación que, él considera, se llama abstracción) con el objetivo de visualizar así la vida y obra presentes en contraposición a las acciones humanas a lo largo de la historia. Sucede también que a partir de la abstracción de diversos hombres en diversos períodos de la humanidad, se ha dado en concluir que ésta se mueve siguiendo una cierta dirección muy vagamente definida, si bien nombrada: el “progreso”. Este progreso subsume así ciertos tipos de acciones humanas (aquellas que se considera que pueden tener algún grado de relevancia en cuanto al movimiento histórico), por lo general encabezadas por personajes eternamente célebres que se desenvuelven a lo largo de su vida influyendo de diversos modos en las vidas de muchos otros de sus contemporáneos (básicamente: a mayor número contemporáneos influidos, mayor prestigio o censura posterior). A muy grandes rasgos, de este modo se intenta dar cuenta a posteriori de la fenomenología de la historia.
En los últimos tiempos se ha comenzado a utilizar el término “vanguardia” y “vanguardista” para describir a dichos hombres; ya que, así como la vanguardia –siendo ésta literalmente la primera línea de una formación militar- guía a todo un multitudinario ejército, estos personajes avanzan con todo un obediente rebaño interminable de sujetos prescindibles a sus espaldas, marcando así para siempre las huellas del progreso humano. (No profundizaré en el problema de que, en caso de guerra, la vanguardia –y ésta vez librada de toda contaminación metafórica- es lo primero en ser arrasado; esto simplemente quedará planteado para el próximo disparate.)
Sin embargo, aplicando una vez más este mismo proceso de abstracción ya explicitado, y en lugar de intentar ver un movimiento definido, nos es lícito hacernos la pregunta: ¿acaso el devenir histórico apunta a una finalidad determinada?, porque no hay duda de que el concepto de progreso supone una cierta teleología; y si hemos de basarnos en datos empíricos, la humanidad está marchando más cerca de un suicidio masivo que de un estado de armonía en el que se hayan finalmente aplacado las tensiones dialécticas que la motorizan. De todos modos, si bien la cuestión de la teleología histórica es cada vez más cuestionable, la idea del movimiento o devenir continuo es indiscutible.
Ahora bien, figurémonos el devenir histórico como un vector que se mueve en el espacio (digamos, un espacio bidimensional, para no confundirle aún más de lo que espero que ya esté); diremos que la vanguardia representa el sentido (la flechita), el rebaño la magnitud (o rayita), y la retaguardia la dirección (el angulito sobre el plano). Si la historia humana no posee finalidad alguna, como hemos intentado establecer, este vector se estará moviendo loco y sin rumbo a lo largo y a lo ancho del espacio durante tanto tiempo como tiempo duren las vidas de todos los hombres, sin llegar nunca a destino alguno. Siendo la vanguardia la que encabeza este devenir sin sentido, lo que proponemos es lograr apoderarnos de la retaguardia, e ir modificando así el ángulo del vector constantemente, a fin de que la vanguardia siga manteniendo su movimiento insignificante, pero con un ir y venir que se torne agobiante. De aquí pueden derivarse dos resultados: que la vanguardia reconozca lo absurdo de su propósito y se una al rebaño (lo cual dejaría a la humanidad finalmente estática y en un lugar fijo- lo más cercano a la “paz” que puede aspirar), o que continúe obstinadamente con su ridículo avanzar por tiempo indefinido (con lo cual aquellos que habitemos la retaguardia habremos de divertirnos sobremanera ridiculizando continuamente a quienes se toman dichas cosas en serio, pues no existe actividad más deliciosa y placentera que esta para aquellos que hemos descubierto que en la vida no hay ninguna esperanza de nada).
Publicado por
GonzalitoVilachan
en
19:38
5
comentarios
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Notas sobre la vida de Pirrón de Elis.
La pregunta acerca de si Pirrón de Elis, hijo de Plistarco, poseía extraordinarios dotes filosóficos o si, más bien, padecía de un severo cuadro de esquizofrenia (o algún otro tipo de delirio alucinatorio similar) continúa siendo una cuestión que ha quedado sin zanjar en las investigaciones de la historia del Mundo Antiguo. Su vida se halla envuelta en misterios insondables; su figura es tan desconocida e influyente a la vez, que sólo puede compararse con la de pocos -poquísimos- hombres excepcionales en la historia (hombres sobre los cuales la duda entre su genialidad o su inigualable locura es igualmente válida), como Sócrates o Jesús, el Cristo. En efecto, Pirrón no dejó palabra escrita alguna, siendo todo lo que sabemos de él referencias aisladas de sus seguidores. Sí sabemos que jamás se propuso fundar una doctrina en sentido estricto, haciéndolo más bien por accidente; y, sin embargo, su doctrina es la no-doctrina por excelencia, pues Pirrón de Elis fue el primer filósofo en practicar una absoluta suspensión del juicio, lo que lo convirtió en el fundador del escepticismo. Coronó esta audacia con una estrechísima consistencia entre pensamiento y acción, al punto que la fidelidad de su conducta a su postura teórica fue de una subordinación casi absoluta.
Cuenta Diógenes Laercio que Pirrón fue durante su juventud pintor (oficio en el que no se destacó particularmente) y se inclinó más tarde hacia la filosofía bajo las enseñanzas de Brisón, nutriéndose más tarde de influencias de las filosofías orientales, de los gimnosofistas hindúes y de los magos. Sus estudios le llevaron a concluir que ante aparentemente todas las cuestiones existen diversos discursos contrarios igualmente válidos. A partir de estas circunstancias Pirrón decidió comenzar la práctica de la epoché, es decir, la completa suspensión del juicio, siendo que a partir de ese momento filosofó siempre nobilísimamente, sin aferrarse a nada y sin rehusar de nada, admitiendo que todas las cosas son igualmente indiferentes, inestables e indeterminadas, y que todo surge por convención de los hombres. A partir de ello, este singular personaje se mantuvo siempre en el máximo nivel de imperturbabilidad e indiferencia ante las cosas del mundo, llegando así a la atharaxia: estado de ánimo culmine, principio de la felicidad, objetivo final de todo hombre helénico.
Ahora bien, esto de la imperturbabilidad no es concepto abstracto ni metáfora alguna, sino que debe entenderse en sentido absolutamente literal, pues Pirrón se desligó de tal modo de la razón y los sentidos, que nada llegaba a inmutarlo y a todos los peligros se enfrentaba; suspendía la razón y permanecía en un estado de absoluta indiferencia, tranquilidad y desinterés. Dicen que a veces se iba, divagando por cualquier parte, de manera que ni su hermana Filista (con quien él vivía) sabía dónde se hallaba; a tal punto que a menudo emprendía largos viajes sin avisar a nadie, solo o con algún compañero ocasional, ausentándose así durante semanas, o incluso meses. Cuentan también que solía dar largos paseos sin cuidado, y varias veces se vio frente a precipicios, al punto de caer si no fuera por el socorro de sus discípulos, que a menudo arriesgaban su propia vida empujando al maestro fuera de peligro en el instante justo; pero éste no mostraría reacción alguna ni agradecimiento y, como quién no sabe dónde se halla parado, proseguía con sus paseos perdido en cavilaciones. Claro que no sólo no se inmutaba cuando su vida corría peligro, sino que tampoco prestaba atención alguna a los padecimientos de los demás: se dice que en cierta ocasión su discípulo Anaxarco había caído en un cenagal y hallábase atrapado, y Pirrón pasó a su lado sin socorrerlo y sin pedir auxilio. Esto le costó importantes críticas de sus conciudadanos, sobre todo de aquéllos que hallaron al joven (ya casi moribundo), pero este último elogiólo y alabólo desde entonces por semejante indiferencia y falta de afección, reivindicando los atributos que todos sus discípulos deseaban poseer.
Pero más allá de ciertos incidentes aislados, la relación de Pirrón de Elis con sus seguidores era, según refieren, amena y genuina. Su principal discípulo fue Timón de Filunte, pero también fue maestro de Hecateo de Abdera, Filón de Atenas y Nausífanes de Teo, entre otros. Dicen que solía hablar largo y tendido acerca de sus razones metafísicas, enseñando que las cosas eran igualmente indiscernibles, inconmensurables e indeterminables para el hombre; y respondía con extensos discursos cualquier pregunta, al punto que todos sus oyentes con frecuencia lo abandonaban, aburridos y abrumados, pero él continuaba con sus enseñanzas sin inmutarse hasta concretar la exposición de sus ideas, de modo que a menudo se pasaba horas hablando sin interlocutor alguno. Y del mismo modo en que continuaba ciertas conversaciones sólo consigo mismo, también podía abandonar a otro en el medio de un intercambio lingüístico, pues dicen también de él que cierta vez, harto y fatigado de las muchas preguntas que se le hacían, para escapar de ellas se dio media vuelta, se echó al río Alfeo y lo cruzó a nado.
Aparentemente sólo una vez fue inconsecuente con sus ideas, cuando intentó morderle un perro rabioso, y él sobresaltóse y auyentólo; pero más tarde justificó su conducta diciendo que “es cosa difícil desligarse completamente del traje de hombre”. Dejando esta anécdota particular a un lado, parecía no tenerle miedo a nada, ni siquiera en las situaciones más adversas. Cuenta Posidonio que estando Pirrón embarcado, avecinóse una fuertísima tormenta, y toda la tripulación amedrentóse sobremanera; pero él, señalando un lechoncito que se hallaba allí comiendo tranquilamente, les dijo a todos: “conviene que el sabio permanezca siempre en tal sosiego”. Dicen que una vez sufrió una grave herida, producto de haberse dejado atropellar por un carro (durante uno de sus paseos, sin el más mínimo reparo), y recibió los medicamentos supurantes, las agujas y la cirugía sin siquiera parpadear.
Según Diógenes, este ilustre personaje murió de un catarro, a la edad de noventa y un años.
Publicado por
GonzalitoVilachan
en
22:45
3
comentarios
viernes, 18 de abril de 2008
Bloques
De a poco, los bloques se fueron embelleciendo, creciendo y evolucionando. Fue, por supuesto, un proceso que ha tomado miles de años de historia humana, y que aún no ha terminado.
Comenzaron a utilizarse materiales de más rápida y fácil manipulación, como los ladrillos, los metales, el cemento, el pavimento, y más tarde, el vidrio y el plástico. Y los Hombres que aún habitaban la Nada, comenzaron a abandonarla gradualmente para instalarse en los bloques, de manera que éstos siguieron (y siguen) creciendo exponencialmente.
De ésta manera, los Hombres fueron constituyendo su propio desierto estéril, y refugiándose dentro de él, cada vez más ajenos a la Nada horrible y amenazante que los había engendrado en tiempos cada vez más olvidados.
Así, se refugiaron y entonces, se miraron los unos a los otros, dentro de éstos bloques, minúsculos espacios del mundo, juntos, muy juntos, apretados, incómodos, asfixiados, y comprendieron que nunca hasta ése momento se habían dado cuenta de lo antihumano que es compartir.
Publicado por
GonzalitoVilachan
en
23:00
2
comentarios
lunes, 24 de marzo de 2008
Inauguración Mundial del Blog de Gonza.
Pase quizás desapercibido al principio, como todo gran acontecimiento en la Historia, que comienza por formarse primeramente en el rincón más recóndito de la mente de sus actores, los que luego condicionarán su comportamiento en base a lo que ése rincón casi inconsiente les dicte, generando así acciones que, incluso sin que ellos lo sepan, irán desencadenando la sucesión de eventos que da lugar a dicho gran acontecimiento histórico, acontecimiento que pasará a convertirse entonces en una bisagra en la línea del tiempo, y cuyas consecuencias más profundas serán las que pasen a formar parte de la vida cotidiana universal luego de dicho acontecimiento bisagra, ya que todo gran cambio en la historia, el fin de una Era y el comienzo de otra, no es sino una serie de cambios en la vida cotidiana de sus actores y sus descendientes, de tal modo que el acontecimiento en sí carece de importancia al fin (si bien es lo que aparecerá en los libros de historia en el futuro), puesto que el verdadero cambio acontece en el día a día, en las acciones cotidianas, en la rutina, y es la rutina la que hace a los hombres, y los hombres los que hacen la historia, de modo que la historia es el estudio de los cambios en la vida cotidiana a través del tiempo, definidos por hechos históricos puntuales, tales como revoluciones, invasiones, caídas de imperios (por citar algunos ejemplos), entre otros; acontecimientos que comienzan por formarse primeramente en el rincón más recóndito de la mente de sus actores, los que luego condicionarán su comportamiento en base a lo que ése rincón casi inconsiente les dicte, generando así acciones que, incluso sin que ellos lo sepan, irán desencadenando la sucesión de eventos que da lugar a dicho gran acontecimiento histórico, acontecimiento como puede ser la creación de éste blog, que puede pasar desapercibido al menos en sus primeros tiempos, pero que irá desgastando lentamente los cerebros de sus lectores regulares, nublando su razón, con el fin de que tanto sus mentes como su voluntad pasen a convertirse en una masa amorfa ansiosa por ser modelada por mis manos, pudiendo crear de ésta manera mi propio conjunto de actores histórico-sociales y llevar a cabo un gran acontecimiento histórico, y pasar a ser yo así, una de ésas bisagras inútiles en la historia de los hombres, ya que el hecho de vivir una vida cotidiana y rutinaria es un privilegio que soy altamente indigno de merecer.
Publicado por
GonzalitoVilachan
en
20:45
8
comentarios