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viernes, 23 de octubre de 2009

Antropológico.

El hombre de hoy está, dicen, desgarrado. Dicen: fragmentado, está. ¡Lo que antes era indiviso (por definición: individuo)! ¡Imaginesé!, qué siglo de locos nos tocó ver fallecer.


Aquél hombre ha sido arrojado
(¡mas no se comprometió con su época!)

-arrojado al mundo, entiendasé-

y ahora gira sobre la nada.


Ahí hay tres fragmentos de hombre, en ese tacho. Vaya, palpelos, si quiere. (La mujer se caga de la risa -dicen; ¿qué voy a saber, yo?-). Palpe, le ruego: tres o cuatro

frag
men
tos.


Éste hombre tiene predilección por los cantautores. (Canturrea). Aquél es un animal racional. Ése no, no le dé pelota. ¿No siente que le estoy diciendo lo mismo? (he ahí un Superhombre: ¡tiene frío!).
Siempre los mismos.

Éste hombre ha superado todas sus contradicciones: está muerto

(vea como aprendimos a burlar la dialéctica). -de ése se dice que evoluciona. (Verá, anteayer no era más que un simio). Aquél ha inventado la razón y el de al lado el amor; son los más desgraciados. Éste dice ser un sujeto, pero no estarlo -sujeto, entendamonós- ¿me sigue? (Siempre lo mismo). ¿No?, temo estar siendo excesivamente oscuro; he aquí lo que le digo:

*HACE FALTA ALGO NUEVO*


algo nuevo
(siempre lo mismo)
¡algo nuevo!


¿Me sigue?


(yo quisiera algo para -firmemente- poder creer en ello)

jueves, 8 de octubre de 2009

Hermenéutico.


Sabiendo, como sabemos hoy por medio de rigurosísimos estudios científicos, que el sentido de todo texto es una suerte de espesor que se expande al infinito, sorprende que aún sigamos componiendo tales cosas. Todos los hombres- esto se ha sabido siempre- desean por naturaleza conocer; mas todos ellos nacen, viven -y muy por seguro que mueran- ignorantes de las causas de las cosas. Me había propuesto ser aquí lo más ambiguo que me fuera posible, hasta descubrir todas estas razones.
Casi Dos mil quinientos años después de pretender encontrar un sentido a lo escrito se han propuesto una larga serie de esquemas cuya aplicación -digamosló- resulta siempre insatisfactoria.
El más difundido, el concepto Weingberiano de la red ordenada de elementos (a saber),
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representa las interpretaciones tradicionales (comienzo, nudo, desenlace) y las esquematiza según líneas ordenadas de progresión; cosa que parece más propia de maestra de castellano que de un distinguido estudioso (que en el fondo -si, digamosló- tiene los modales de un gordo pajero). Frente a esto, y por las razones admitidas más arriba, proponemos aquí un modelo ampliado y perfeccionado, acomodado a los requerimientos tradicionales de la interpretación de textos a la manera contemporánea:
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(las referencias serán publicadas póstumamente)
Sus resultados han sido ya avalados por la Biblia misma, y muchos otros textos políticos cruciales para la vida occidental toda.


(¡Y yo que sólo querría escribir sobre cuanto me gustaría poder tomarla suavemente por las muñecas y cubrirle las manecitas de besos!)

miércoles, 11 de febrero de 2009

Sobre la impertinencia del devenir histórico (una brevísima introducción al pensamiento de retaguardia).

Sucede que casi todo hombre que piensa -según le han enseñado otros hombres- se sitúa mentalmente a sí mismo y a su entorno inmediato en oposición al tiempo y al espacio (en una operación que, él considera, se llama abstracción) con el objetivo de visualizar así la vida y obra presentes en contraposición a las acciones humanas a lo largo de la historia. Sucede también que a partir de la abstracción de diversos hombres en diversos períodos de la humanidad, se ha dado en concluir que ésta se mueve siguiendo una cierta dirección muy vagamente definida, si bien nombrada: el “progreso”. Este progreso subsume así ciertos tipos de acciones humanas (aquellas que se considera que pueden tener algún grado de relevancia en cuanto al movimiento histórico), por lo general encabezadas por personajes eternamente célebres que se desenvuelven a lo largo de su vida influyendo de diversos modos en las vidas de muchos otros de sus contemporáneos (básicamente: a mayor número contemporáneos influidos, mayor prestigio o censura posterior). A muy grandes rasgos, de este modo se intenta dar cuenta a posteriori de la fenomenología de la historia.
En los últimos tiempos se ha comenzado a utilizar el término “vanguardia” y “vanguardista” para describir a dichos hombres; ya que, así como la vanguardia –siendo ésta literalmente la primera línea de una formación militar- guía a todo un multitudinario ejército, estos personajes avanzan con todo un obediente rebaño interminable de sujetos prescindibles a sus espaldas, marcando así para siempre las huellas del progreso humano. (No profundizaré en el problema de que, en caso de guerra, la vanguardia –y ésta vez librada de toda contaminación metafórica- es lo primero en ser arrasado; esto simplemente quedará planteado para el próximo disparate.)
Sin embargo, aplicando una vez más este mismo proceso de abstracción ya explicitado, y en lugar de intentar ver un movimiento definido, nos es lícito hacernos la pregunta: ¿acaso el devenir histórico apunta a una finalidad determinada?, porque no hay duda de que el concepto de progreso supone una cierta teleología; y si hemos de basarnos en datos empíricos, la humanidad está marchando más cerca de un suicidio masivo que de un estado de armonía en el que se hayan finalmente aplacado las tensiones dialécticas que la motorizan. De todos modos, si bien la cuestión de la teleología histórica es cada vez más cuestionable, la idea del movimiento o devenir continuo es indiscutible.


Ahora bien, figurémonos el devenir histórico como un vector que se mueve en el espacio (digamos, un espacio bidimensional, para no confundirle aún más de lo que espero que ya esté); diremos que la vanguardia representa el sentido (la flechita), el rebaño la magnitud (o rayita), y la retaguardia la dirección (el angulito sobre el plano). Si la historia humana no posee finalidad alguna, como hemos intentado establecer, este vector se estará moviendo loco y sin rumbo a lo largo y a lo ancho del espacio durante tanto tiempo como tiempo duren las vidas de todos los hombres, sin llegar nunca a destino alguno. Siendo la vanguardia la que encabeza este devenir sin sentido, lo que proponemos es lograr apoderarnos de la retaguardia, e ir modificando así el ángulo del vector constantemente, a fin de que la vanguardia siga manteniendo su movimiento insignificante, pero con un ir y venir que se torne agobiante. De aquí pueden derivarse dos resultados: que la vanguardia reconozca lo absurdo de su propósito y se una al rebaño (lo cual dejaría a la humanidad finalmente estática y en un lugar fijo- lo más cercano a la “paz” que puede aspirar), o que continúe obstinadamente con su ridículo avanzar por tiempo indefinido (con lo cual aquellos que habitemos la retaguardia habremos de divertirnos sobremanera ridiculizando continuamente a quienes se toman dichas cosas en serio, pues no existe actividad más deliciosa y placentera que esta para aquellos que hemos descubierto que en la vida no hay ninguna esperanza de nada).

jueves, 9 de octubre de 2008

Ensayo sobre pedofilia





Regocijo supremo de la grotesca propaganda mediática posmoderna, el pedófilo no es más que una víctima de su desesperante necesidad de victimizar a su victimario. Esto estoy dispuesto a sostener, aún luego de las más diez mil horas de transmisión televisiva y cien mil páginas de prensa escrita empecinada en la descripción minuciosa del hasta más ínfimo detalle de la enfermiza monstruosidad del criminal sexual y de sus avergonzantes fechorías, con toda prescindencia de un análisis físico-psicológico apropiado; digamos, con el mismo rigor argumentativo con el que la ya mencionada maquinaria mediática presenta a los individuos en cuestión, pero con el fin tajantemente opuesto de quebrar el paradigma del violador contemporáneo. O por lo menos, de presentar alternativas a ese paradigma que a muy pocos o a nadie van a importarle a fin de cuentas. Absténgase aquel que tergiverse la dirección de este ensayo desentrañando una interpretación que busque alentar la perpetración de estos crímenes, de utilizar esa interpretación abiertamente como justificativo de su potencialmente dudosa conducta.


Sucede que el Mundo es Caos, así como es Caos todo lo que ocurre por fuera de sus bordes y es Caos todo aquello que en él esté contenido. Las sociedades humanas no escapan a esta realidad, sino que la complementan deliciosamente; al punto de habernos proveído a quienes las integramos las herramientas conceptuales para formular este tipo de hipótesis. Ni siquiera en la mente humana (o mejor, menos aún en la mente humana) puede el hombre encontrar un orden subyacente. Tenemos entonces, por un lado, caos o desorden total, tanto en nuestro interior como en la infinidad de estímulos externos que nos acosan continuamente: potencial ausencia de rasgos bien definidos que permitan el hallazgo de una causalidad acertada que dé cuenta del motivo por el cual pasan las cosas (dado que el Mundo es Caos porque todas las cosas poseen una determinada Causa), y por otro lado, el puñado de individuos que hoy nos conciernen, a saber, los que se deleitan con el sometimiento sexual involuntario de un impúber indefenso. Presentándolo así, y luego de reflexionar mínimamente sobre estos temas, sólo obstinados e ignorantes exigirían una más específica enumeración de razones para defender mi tesis. Las daré, simplemente por el hecho de que la gran mayoría de la gente es, de hecho, obstinada e ignorante; y porque cada vez son menos quienes vislumbran, o cada vez se requiere de un esfuerzo mayor para que el ser humano promedio pueda vislumbrar por un instante lo vacuo y efímero de su existencia (si bien una vez que se ha alcanzado ese plano, todos somos víctimas, o no somos Nada: esto es a gusto del consumidor).
Se infirió al principio que el pedófilo también puede ser una víctima; y en efecto, lo es. El pedófilo es víctima, tanto de ese Caos de intrometidas invasiones de eternos estímulos externos, como del horrendo Caos emocional desatado por un enigmático pasado personal, cargado de un contenido tal que torcería cualquier intelecto sano. El pedófilo es víctima del Caos de cada esfera o sector social, del Caos interno de cada individuo “normal” que conforma esas esferas, y que canaliza su caótico odio de inexplicable origen contra quienes cometen los actos que ellos mismos juzgan (o les han enseñado a juzgar) como malvados. El pedófilo es víctima de todos los que se tragan periódicos y noticieros, y demás medios que no hacen otra cosa que alimentar, cotidianizar y multiplicar aquellos mismos hábitos perversos que sus consumidores aborrecen. El pedófilo es víctima de todas las amas de casa y de todos los padres de familia del mundo. El pedófilo es víctima de la limitada y limitante moral occidental, impuesta por la escuela, por el juez, por la iglesia, por el hogar.


El pedófilo promedio es padre de familia, o bien maestro de escuela, o (¿cuándo no?) algún destacado miembro eclesiástico, entonces aquí tenemos un problema.



Difícilmente alguien pondría en duda que el que viola a un infante no lo hace sin saber que su conducta podría llegar a resultar condenable por los demás miembros de su tribu. Aún así lo hacen. Es necesario, por tanto, que existan causas determinadas y posiblemente bien definidas que lleven al pedófilo a romper momentáneamente el bagaje de moral social que tiene incorporado durante la perpetración de su delito, pues ningún ser humano contemporáneo se arriesgaría a ser etiquetado como violador de menores así sin más. Nadie se ha preocupado por investigar o difundir dichas causas (desentendámonos, desde ya, de la psicología, ciencia que sólo busca el determinar qué es lo sano y lo normal, y la justificación injustificable de porqué algunos individuos pueden y deben ser “anormalizados” y aislados del resto). De la misma manera, nadie se ha preocupado por investigar y difundir con rigor y seriedad las consecuencias y secuelas que producen en los niños acosados las vivencias ocurridas. Causas y consecuencias que, correctamente tratadas, podrían efectivamente reducir el número de casos.

Mas no resulta serio bajo ningún punto de vista un poco más riguroso que el de ciertas personas que cualquier información masiva que circule sobre el tema no es más que una perversa falsificación de los hechos. El público ha sido educado para no indagar sobre los motivos, y para engullir obedientemente el ciego discurso de la masividad, que se reproduce a diario y sistemáticamente, manteniendo su estructura intacta y alternando solamente a los personajes sobre los que se enfocan las cámaras. El pedófilo simplemente ha pasado a ocupar el lugar de las primeras planas que antes ocuparan otros monstruos antisociales que ya han sido naturalizados, tales como ladrones, drogadictos u homicidas. El Mal de turno siempre debe renovarse, es condición básica y fundamental para mantener un sistema de control impecable, pues es así como funcionan las sociedades modernas. Antaño, los padres seguían el rastro de las amistades y horarios de sus hijos con la siempre oculta intención de protegerlos de las múltiples amenazas de la calle. Hoy día, mamá y papá no sólo deben continuar y agudizar estos controles, sino que a ellos se suma la necesidad imperiosa de asegurarse que hasta los maestros sean lo suficientemente decentes como para que su hijita regrese a casa con el himen intacto. Y bajo tal atmósfera de seguimientos opresivos constantes, se reduce cada vez más significativamente el tiempo que los padres pasan con sus hijos para crear lazos de amistad y cariño genuinos. (Lazos que son condición fundamental para que el retoño no se convierta en el futuro en, por citar un ejemplo entre muchos, un pervertido sexual).
En lugar de ello, sólo se busca el consumir y acumular casos, el ver cómo y de qué modo el victimario sometió a su víctima, y obtener hasta el más pequeño detalle del hecho en sí.
Luego, por supuesto, vendrá el reclamo por justicia. Entiéndase por ello, el hecho de difamar públicamente al criminal, seguido de una larga condena que deberá cumplir el mismo en el servicio penitenciario. Justicia que no se basa en la búsqueda de las causas, sino de los hechos. Justicia que no se basa en la posibilidad de revertir o evitar futuras situaciones posibles o similares, sino en la búsqueda de Un Culpable particular, y en enterrar su violencia con más violencia. Vivimos en un mundo que considera que esto es Justo. Y en el que muy pocos se dan cuenta que solamente se persiguen ideales imposibles, ingenuos y puramente subjetivos. Ideales tan lejos de ser alcanzables como la realidad está de ser cognoscible.



No hay mundo, no hay unidad, no hay bondad ni maldad. Hay caos y multiplicidad de sujetos, subjetividades y significados: jungla y el irrumpir del más fuerte. La verdad no existe, y la Justicia es Conflicto: es violencia, contienda, movimiento, generación y muerte. La justicia es dialéctica y la humanidad fue, es y será una masa amorfa de infradotados.
Y si al universo subyace, en última instancia, un orden verdaderamente Justo, es necesario que esta humanidad sea eliminada del mismo, y pronto: Justicia es el fin del mundo.

lunes, 11 de agosto de 2008

Una ventana al inconsciente.

Tengo a veces sobre mi cabeza una ventana al inconsciente de alguien más, y cada vez que la recuerdo, me incorporo y me asomo a ella, y paso horas preguntándome si el mío se parecerá en algo a ese desierto de arenas grises y amarillas bajo un cielo cuyo azul se va volviendo más pesado y más eléctrico a cada centímetro que se eleva sobre el suelo.
Y sobre un pequeño hombrecillo de plástico, que se desgarra en un abrazo solitario contra el mármol frío de la ausencia del objeto de su afecto, toma forma un rostro inmenso de una piel suave y arrugada, sin boca, sin ojos, sin cabellos; sólo un cráneo deforme y alargado envuelto en piel. Muerto, como dormido, y sus largas pestañas cosquillean a los insectos que se alimentan de su muerte.
Ya llegando al cuello, la cabeza deriva todo su peso a un pedestal gris metálico, que expulsa unas raíces azules que se clavan profundamente en la arena y mantienen al cráneo fijo en su posición, e inerte frente a todo el caos rabioso que lo rodea, al punto que es ese rostro lo único en todo el paisaje que se mantiene estático y armoniza la explosión de movimiento, viento seco, piedras, sangre, arena y hombres ciegos y pequeños caminando en círculos por el desierto.

Del otro lado de la cabeza, la nuca se derrite en un lago de piel líquida del cual emerge, del pecho para arriba, la figura de una mujer terrible y hermosa. Terriblemente hermosa, porta un lirio blanco entre los senos, los ojos apaciblemente cerrados, y unas venas azules por las cuales circula un pútrido y salado veneno decoran su rostro. Sus cabellos se enredan en el viento salvaje de arena y aire, y su nariz acaricia suavemente el sexo metálico de un hombre cuyas piernas, viriles y manchadas de sangre, emergen también del lago de piel pastosa y sirven de apoyo al hombro de la mujer hermosa, que se recuesta sobre ellas y respira sexo, y el hombre se consume en deseo.


Los minutos estallan, el tiempo se licua, el viento desintegra el aire. Los hombrecillos grises se pasean, ciegos, erráticos, se chocan, se odian, se besan. Dios. Puro y sagrado arbitrio. Las piedras se hunden en la arena y la Muerte se eleva por sobre todos los insectos. El cielo de azul pasó a negro, y ahora la arena es roja, y sus granos son aún más pesados y cortantes. El aire pesa, duele.
La mujer corre sus párpados y descubre dos globos de carne seca, chamuscada, y su boca se abre dando lugar a una lengua muy fina y una fila de dientes filosos y alargados que se clavan en una mordida carnívora, y arrancan los metálicos genitales en una euforia asesina, para hundirse luego en la piel acuosa para siempre.
El sexo mutilado se condensa y estalla en una catarata de sangre potente que se cuela por la nuca y revitaliza el cráneo; y la fuerza de su chorro empuja el lirio desnudo, que desciende despacio por el aire hasta cubrir y cobijar al hombrecillo ciego, solitario, desgarrado, angustiado y plástico, que ni por un solo instante dejó de abrazar el mármol.















En el último segmento de la línea del horizonte, un anciano contempla la escena, petrificado, de la mano de un niño.

sábado, 17 de mayo de 2008

Manifiesto anti-escritores.

No ha de ser el orgullo consigo mismo lo que lleva a un autor a convertirse en tal, sino más bien, la vergüenza. Es sin duda la escritura el arte de aquellos que desean ser gente distinguida, pero a quienes nunca les ha ocurrido ningún hecho interesante en su vida, y por ende, deben recurrir a inventar estos hechos, y envolverlos en una ficción cuidadosamente elaborada, para que los futuros lectores pasen luego horas de su tiempo cavilando en si lo que acaban de leer le ha ocurrido verdaderamente al creador del texto o ha sido producto de una particularmente bien dotada imaginación. Claro que para hacer esto, los escritores al principio deben navegar a la deriva en los inabarcables mares del anonimato, y dedicar muchísimas horas preciosas de su vida a la sádica contemplación artística o filosófica de su entorno; contemplación que no ha de llevar más que a una vocación inútil e innecesaria para el progreso humano como es el oficio del artista (de cualquier índole), o del pensador (sin mencionar el hambre y las carencias materiales que sufren dichas criaturas).

Y aún así, para la media ignorante y conformista de la sociedad, el escritor aparece como un personaje diferente, especial, dueño de un don concedido a pocos, pensante, hasta podría decirse, intelectualmente superior al resto. Goza de un prestigio muy particular, sostenido por un infundado respeto a su sarta de delirios. No se dejen engañar, estimados lectores, ante estas falsas concepciones: el escritor es, ante todo, un ser tan común, corriente y mediocre como un verdulero, un mecánico, un kiosquero, un corredor de bolsa (o de carreras), un médico o una presidenta; es decir, un ser tan patético como cualquiera, que simplemente se vale de la maravillosa (y a esta altura, totalmente accesible) invención de la escritura para plasmar su aburrida e inconclusa subjetividad en pilas y pilas de papel.

Y llegamos así al primer punto importante de éste manifiesto: el papel es un bien cada vez más escaso en el mundo. Hoy en día observamos infinidad de talas indiscriminadas de árboles en diversas zonas del planeta (las que alcanzan su máxima expresión en el futuro desierto amazónico, antiguo pulmón del mundo) ¿Y para qué? Principalmente para la fabricación de papel ¡Papel que estos monstruos escribientes demandan sin consideración, sin segundos pensamientos por el bienestar de la humanidad toda! Exigen libretas, cuadernos, hojas y hojas de diversos papeles para imprimir en ellos sus insípidas poesías, sus falsas historias, sus complicados, circulares e inútiles razonamientos; y no les importa en lo más mínimo el hecho de que los glaciares se derritan, que las temperaturas suban, que se inunden las ciudades, que haya escasez de alimentos y agua... así es, señoras y señores, así de desconsiderada y egoísta es esta gente. Estamos hablando de papel que podría (o más bien, debería) utilizarse para la masiva elaboración de billetes, siendo el dinero un bien tan escaso hoy en día para la gran mayoría de la humanidad; pero no ¡Más de la mitad de la población mundial debe pasar hambre y soportar la peor de las miserias, para satisfacer el capricho de estos pseudo-intelectuales! Egoístas, que no sólo demandan papeles para la creación de su propia obra, sino también para la reedición de otros libros... ¡Libros preexistentes, que ya han sido impresos! Pues ellos no se contentan sólo con tener papel para su escritura personal, no, ellos desean también acaparar la mayor cantidad de libros posibles, de cualquier autor, cuantas más páginas mejor, y acumularlos en extensas bibliotecas; no importa si realmente se dedicarán a leerlos o no, ellos simplemente desean poseerlos, esgrimiendo el vergonzoso argumento del valor simbólico de dichas obras, y apelando a la sensibilidad de los débiles.

Cuestión importante es también el uso que estas bestias alfabetizadas le dan a la lengua. Es evidente para cualquier ser humano en su sano juicio que el exceso de lectura o escritura conlleva, inevitablemente, al exceso de pensamiento; y no es éste un mal menor: nadie que lo haya padecido se ha recuperado correctamente. Es una dolencia que lleva a los devastadores tormentos de la angustia eterna; a la locura intelectual; al flagelo de las drogas; a una inteligencia que crece hasta sobredimensionarse, para finalmente colapsar en la demencia. Una enfermedad más seria que cualquiera de las conocidas por el hombre. Sin exagerar, me atrevería a llamar a este mal: “cáncer del alma”, y su única cura: el suicidio. Si, estimados lectores, estamos hablando de un mal incurable; tal es la gravedad de este asunto, y aún así, nadie parece advertirlo o darle la menor importancia. Es tiempo de tomar conciencia, y es por ello que he decidido, luego de extensas meditaciones, comenzar a escribir estas líneas, con la esperanza de develar las conspirativas maquinaciones que atentan peligrosamente contra el progreso del ser humano.

Si aún luego de estos indiscutibles argumentos no he terminado de convencerlos, no hace falta más que observar las devastadoras consecuencias que han traído a la humanidad ciertos libros, como la Biblia, Mein Kampf, el Corán, o el Manifiesto Comunista (por citar algunos ejemplos); todos precursores de años y años (y en algunos casos, hasta siglos) de sangrientas guerras y muertes innecesarias, en el nombre de ideas descabelladas, producto de la envenenada mente de diversos lunáticos. Seres inadaptados que escapan del mundo social, material, tangible, para refugiarse en el de las ideas huecas, inconsistentes, carentes de todo sentido práctico; comunicándolas de un modo tan sutil y elegante, que atrapan a las mentes desprevenidas, y las modelan según sus retorcidas intenciones. Es sólo cuestión de tiempo luego, para que choquen los intereses entre miles de ideas contradictorias, y éstas lleven a los pobres hombres controlados por ellas, cegados por las mentiras, a violentos e irresolubles conflictos siempre teñidos de sangre y de muerte.

No nos dejemos engañar, no caigamos en la red de mentiras que estos repugnantes esbozos de ser humano, en nombre de la "razón", tejen para ganarse el apoyo de la opinión pública; no seamos cómplices de sus falsos conocimientos; no asimilemos como verdades los textos infernales que ya tanto daño han causado en este mundo. La escritura representa el atraso, vivimos en una era en la que el pensamiento ya no es necesario: tenemos la sabiduría, la tecnología y la diversidad de artefactos necesarios para que éstos piensen y actúen por nosotros, ahorrándonos esa difícil y agobiante tarea, que ha llevado a tantos a la depresión y al suicidio, acto este último harto retrógrada. Basta ya de sucumbir ante ellos, debemos formar un frente unido y detectar a estos seres desviados antes de que sea demasiado tarde, enseñarles el verdadero camino, y construir así, de a poco, el mundo feliz y libre de angustia que todos nos merecemos.

jueves, 15 de mayo de 2008

Ensayo grisáceo.

Hay algo gris en tus ojos esta noche

hay hojas grises en los árboles del parque

es gris el sordo ruido de los coches

grises recuerdos de la vida gris de antaño






hay nubes grises cubriendo el cielo gris de invierno

y gises flores adornan grises ventanas

gris se ha hecho el deseo, el amor y hasta los sueños

grises porteños hacen la gris Buenosayres


















grises doctores curan grises pacientes
grises pensantes en grises pasillos piensan
grises cuerdos encierran grises dementes
grises devotos en grises iglesias rezan

grises familias en grises mesas almuerzan
grises campeones en grises torneos pierden
grises maestros en grises aulas enseñan
grises ancianos en grises recuerdos vuelven

grises gendarmes golpean las grises gentes
grises poetas en grises esquinas lloran
grises adultos visitan grises parientes
grises viajantes en grises caminos flotan

grises amigos en grises bares conversan
grises milicias en gises cuarteles mienten
grises parejas en grises plazas se besan
grises sensibles en grises balcones sienten


















yo soy gris hoy

y vos, estas aún mas gris que ayer


y aunque somos grises como el resto de la gente

vos y yo somos de un gris diferente








los chicos juegan grises esta tarde

los dias son grises en Buenosayres

pájaros grises cantan en grises ramas

la música suena gris en Buenosayres



su música es gris
tu lírica es gris
nuestra alma no es gris
mi poesía es gris



el cielo es siempre gris en Buenosayres

y hay otros grises perros en la calle

las siempre grises calles de los siempre grises barrios

la vida es siempre gris en Buenosayres


















y yo no quiero ser gris







prefiero una vida negra a una vida gris